Programación

Seis horas que… ¿Me cambiaron la vida?

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Lino Monteagudo Fuentes
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Apenas un par de meses después de que empezase el Citizen Bootcamp impartido en Deusto BS, venía un tal Luis Monge Malo, director comercial de Entradium. Vino a desplegar una síntesis de su sabiduría sobre diferentes aspectos comerciales, en concreto, las clases trataban sobre e-commerce, marketing y ventas, respectivamente. Las lecciones fueron una mezcla de conceptos técnicos, orientados a la parte teórica comercial, y de lecciones vitales, relacionadas con el conocimiento de la conducta humana, en la cual se centrará la mayor parte del artículo, ya que las considero el valor diferencial del aprendizaje adquirido.

Comenzaba la primera clase de manera prometedora, cuestionando la validez universal, ni más ni menos, que del modelo Lean Startup. Sus dudas se centraban en factores tan simples como la dificultad de la gente para decir la verdad, apoyando todo esto en una serie de ejemplos que no dejaban duda alguna. La mezcla de este comienzo prometedor y el desparpajo con el que actuaba parecía indicar que iba a ser un ponente de los que dejan huella. 

Transcurría la clase, y cada momento que pasaba más confianza me inspiraba. Una de las claves del éxito de las lecciones impartidas por Luis Monge era que se estaba produciendo una perfecta analogía entre el contenido y el contexto. Todos permanecíamos boquiabiertos ante la practicidad de sus consejos, mientras, estábamos a merced de que el ponente nos manejase como si fuésemos potenciales clientes que ya habían caído en sus garras.

Una semana después, nos encontrábamos en la segunda sesión de Luis Monge, esta vez iba a compartir un condensado de diversas lecciones sobre la mercadotecnia, las cuales había ido adquiriendo a lo largo de su vida. Empezaba profundizando en el concepto que suponía el marketing, muy confuso entre el ciudadano común. Para continuar, desglosó este concepto en tres lecciones básicas expuestas a continuación.
Para empezar, volvía hacer hincapié en un concepto que, tras una semana, ya había interiorizado, era poca fiabilidad del encuestado y la necesidad de encontrar esa motivación ulterior que les llevaba a su pensamiento superficial. 

En segundo lugar, resaltó la importancia de crear un producto para un mercado ya existente, como parece lógico. Sin embargo, son numerosas las ocasiones en las que se intenta desarrollar un mercado totalmente nuevo para nuestro producto, lo cual es un error garrafal. 
Por último, llegó una lección con la que se relacionaba una de las partes más importantes de la ponencia de ese día para mí: “Estudia para encontrar, NO para confirmar”. Esto parece una obviedad pero, seguidamente, se dispuso a explicar este concepto adentrándose en el mundo de la psicología, aleccionando así sobre los sesgos de la mente humana. 

Llegamos a la que fue, para mí, la parte más inspiradora de la sesión, ya que promulgaron una serie de errores que cometemos de manera cotidiana. Conforme los iba enumerando (de confirmación, de optimismo, egoísmo, practicidad,…), iba dibujando en mi cabeza una situación en la que alguien de mi entorno, o yo mismo, habíamos actuado de manera incorrecta debido a estos principios. Por ilustrar con un ejemplo esta explicación, me llamó particularmente la atención el sesgo de confirmación, un concepto que siempre había tenido en mi mente, pero no me había planteado explicar hasta ese mismo momento, cuando se reveló en mi cabeza con claridad. En nuestro día a día desbordan las situaciones que dan ejemplo de esto, como debates donde nadie intenta comprender argumentos que cuestionan nuestro punto de vista o cuentas de redes sociales en las que solo seguimos a personajes que refuerzan nuestros ideales. Todo esto y mucho más sustenta una realidad innegable, y es que todos somos propensos a recordar únicamente los datos y acontecimientos que nos convienen, por el simple hecho de no perder esta “batalla moral”.

Mientras el orador se esforzaba en darnos diversas recomendaciones de gran valía, ofrecía a los allí presentes un ejemplo mucho más importante. Hizo valer la importancia de la seguridad en uno mismo, el desparpajo y la audacia con la que sabía aprovechar las inquietudes de su público para crear una perfecta sinergia de admiración e interés en cada uno de los allí presentes. 

Por fin, un par de semanas después, llegó la anunciada como más valiosa de las lecciones. Como no podía ser de otra manera, la tónica principal de la ponencia fue se basaba en una analogía, un continuo juego entre la proximidad que presentaba el mundo de las ventas y el flirteo. 

El comunicador dispuso de este recurso, en mi opinión más que acertado, para dar los consejos sobre los modelos de conducta más prósperos en ambas situaciones. Son muchas las semejanzas entre los patrones de éxito en estos campos, principalmente, porque para poder captar a un buen cliente de manera duradera, hay que, en primer lugar, conocerle, luego, llegar a gustarle para, finalmente, poder establecer una relación duradera, la cual habrá que seguir cuidando con el paso del tiempo. 

En la clase se ofreció gran cantidad de información sobre cómo era el proceso que afrontaba un departamento comercial de una empresa, pero eso nos lo podría haber descrito cualquier persona, incluso un post en internet. Sin embargo, nos obsequió con una serie de “truquitos” muy prácticos que nos ahorrarían horas y horas de trabajo, facilitando así trámites como, por ejemplo, contactar con decisores de empresas interesantes para nuestras startup.

Hasta aquí, un muy breve resumen de los conceptos que se tocaron en estas clases, muchos de ellos de gran valor. Sin embargo, lo más importante fue la otra analogía que se dio, la venta de las lecciones impartidas por el orador a los allí presentes. Nos convenció de que nos había dado “la clave del éxito” en apenas seis horas, por lo cual no me cabe la menor duda de que Luis Monge Malo es un gran profesional en el mundo comercial.
Entonces estas seis horas, ¿me cambiaron la vida? Realmente, no sé si me la habrá cambiado o no, pero, sin temor a equivocarme, puedo concluir que Luis Monge fue uno de los profesores más inspiradores que he tenido. No sé si fue su forma pragmática de presentar los conceptos, su habilidad para venderlos, o, seguramente, una media ponderada de todas ellas, lo que hizo que fuese un aprendizaje, sin duda, inolvidable. Para mí, fue un ejemplo más de cómo las relaciones interpersonales son un apartado fundamental para el desarrollo profesional y personal de todos y cada uno de nosotros.